EL MURO REGRESA A BERLIN

Entender lo que significó el Muro de Berlín en el día a día de sus ciudadanos es para muchos visitantes una parada obligada en su itinerario.

Hasta ahora la experiencia más cercana a revivir esos momentos pasaba por acercarse a los tramos que siguen en pie en la calle Niederkirchnerstrasse, próxima a Potsdamer Platz, o en la East Side Gallery situada en las inmediaciones de Ostbahnhof. Ahora, una reconstrucción del artista Yadegar Asisi, Die Mauer (El Muro), funde hechos históricos con un ejercicio de memoria personal, y brinda una vivencia no más real pero sí más completa de lo que ocurrió durante casi tres décadas en la capital alemana. El proyecto consiste en una gigantesca puesta en escena teatral de 60 metros de largo y 15 de alto, donde se recrea, a través de la fotografía, la iluminación y la acústica, un noviembre cualquiera en el Berlín de los años ochenta del siglo pasado. En ella ocurren al mismo tiempo varios eventos que jamás hubieran sucedido simultáneamente, pero que sirven a su autor para condensar en un instante años de separación entre dos mundos tan cercanos como antagónicos, en los que un emblema político o el logo de una multinacional representan las dos cruces de una misma moneda.

Die Mauer, situada en Friedrichstrasse, en plena calle y a pocos metros del paso fronterizo de Checkpoint Charlie, llega a Berlín coincidiendo con la celebración del 22 aniversario de la reunificación alemana (el pasado 3 de octubre). Es un nuevo muro contra el olvido que permanecerá en pie al menos hasta el 31 de diciembre de 2013. La impresión de esta inmensa foto, hecha en 20 partes distintas de tres metros de ancho por 15 de alto, pesó 12 gigabytes.

La ficción se ambienta en la parte occidental, en Sebastianstrasse (en el barrio de Kreuzberg), y aprovecha un punto de vista privilegiado para mostrar en el horizonte la monotonía urbanística del este. En ella un cartel luminoso o un grafiti cuentan con más de un significado, porque la mirada de Yadehar Asisi es en realidad un recuerdo creado desde la cotidianidad de la supervivencia diaria. Es una escenografía que no respeta las unidades de tiempo o espacio ni sabe lo que es la cuarta pared.

El artista pasó su infancia y juventud en esa zona. Para recuperar sus vivencias elimina de su reconstrucción los edificios que impedían una visión global de los acontecimientos. Con cambios en la iluminación consigue además dar un aspecto tridimensional a la imagen panorámica y se sirve de grabaciones reales para no perder la perspectiva histórica.

 

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